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¿Y si te toca la pandemia en plena adolescencia? Parte 2

por | Oct 20, 2020 | covid 19, psicología, salud mental | 0 Comentarios

¿Y si te toca  la pandemia en plena adolescencia?  Parte 2

Todo esto hay que contextualizarlo en la complejidad del mundo actual: hiperconexión a internet, videojuegos, redes sociales, etc. Hoy estos son los principales modos de conexión entre adolescentes, el acercamiento a “su” realidad exterior: amistades, ocio, sexo…, todo depende de la conexión a sus smartphones. Una generación nativa digital en un mundo en el que ellos son los expertos, mientras las personas adultas hemos llegado tarde.

Se les reprocha las horas que pasan conectados mientras que, a menudo, padres y madres miran absortos sus teléfonos, sin mucho tiempo para escuchar las demandas de atención que subyacen tras los desafíos. Hay mucho que aprender, han nacido insertos en un mundo en el que los adultos nos hemos tenido que adaptar de forma torpe y muchas veces poco ejemplar

Y en este contexto de revolución hormonal, otro importante factor a tener en cuenta en la actualidad es el acceso inmediato e ilimitado al porno on-line. En una edad en la que se está construyendo la sexualidad, se exponen a la visualización de imágenes de prácticas sexuales muchas veces extremas, construidas fundamentalmente para la satisfacción masculina y la sumisión de la mujer. Abusos, perversiones y violaciones; pueden ser contempladas y naturalizadas, sin nadie que les explique que eso no es real.  

Alguien tendrá que ayudarles a entender que el sexo es otra cosa, que el placer y disfrute de los cuerpos y es fantástico, pero que la sexualidad también es: empatía, respeto, cuidado y consentimiento. Pero las personas adultas no saben cómo plantearlo, unas veces por desconocimiento y otras  por complicidad; hay algo de incapacidad de padres y madres para afrontar la comunicación en torno a la relación que establecen con la pornografía sus hijos e hijas. 

Buenas noticias 

Pero no todo son malas noticias, al contrario, la adolescencia es una etapa fundamental que va a marcar decisivamente el resto de la vida adulta, por eso es importante tomarla en serio y escuchar qué hay detrás de ese típico desafío, a veces torpe, que tienen los y las adolescentes. Es un momento excelente para cultivar valores positivos, está casi todo por aprender.  Si las personas adultas somos capaces de entenderlo, sin juzgarlos, se abre un mar de posibilidades. Son muchas las potencias en este ciclo vital que hay que cuidar y fomentar. 

En primer lugar, la rapidez mental es un indicio de capacidad de aprendizaje y como personas adultas es nuestra responsabilidad poner las facilidades necesarias, para potenciar el desarrollo intelectual y cognitivo en esta etapa. Por otro lado, como hemos visto la valoración de la amistad es vital y va a condicionar la sociabilidad futura. Es un excelente momento para promover los cuidados, el respeto y la vida en comunidad. Otra de las características a destacar en la adolescencia es que son más tolerantes que las personas adultas; no tienen tantos prejuicios, se van adquiriendo con la edad, es un momento importante para fomentar: el rechazo del racismo, la homofobia y la misoginia, etc. No olvidemos señalar como algo positivo la sana rebeldía que los puede hacer más permeables al pensamiento crítico; es una ocasión excelente para promover la empatía y los valores éticos. 

Son sentimentales y afectivos; siguen necesitando abrazos, besos, demostraciones de ternura, algo que hay que seguir manteniendo para la construcción de una vida afectiva “sana”, a pesar de que ya no despiertan la dulzura de la niñez. Es una etapa en la que suelen buscar referentes seguros, fuera de sus progenitores y eso puede ser algo muy positivo.  Valoran mucho el rol de tías, primos, abuelas, hermanos mayores, etc y es un excelente momento para ofrecerles, otra visión de la vida, otros valores.

Surgen entonces una serie de preguntas en torno a la relación que establecemos con los y las adolescentes ¿Qué hacemos? ¿Cómo actuamos? ¿Cómo nos comportamos?  Si hablamos de los aspectos educativos y situándonos en el rol de adulto, creo que se necesitan fundamentalmente dos pilares a la hora de relacionarnos con la adolescencia: límites y cariño, a partes iguales.  

Los límites son necesarios por diversas razones: necesitan asumir responsabilidades, no se les puede infantilizar, tienen que poner algo de freno a tanta aceleración, es preciso modular la pretensión de satisfacción constante y sobre todo; tienen que aprender a frustrarse. Todo esto es fundamental para ingresar en la vida adulta de manera equilibrada y con buen nivel de autoestima. 

Por otra parte, siguen necesitando percibir el cariño y la afectividad. La adolescencia es un momento de mucha inseguridad e incertidumbre, no tienes claro qué quieres ser, ni por dónde van a ir las cosas; se enfrentan a la realidad ya de por sí precarizada del mundo adulto. Aunque el tono desafiante y rebelde nos invite a pensar lo contrario, necesitan seguridad afectiva, tienen que percibir que vamos a estar ahí a pesar de los errores que cometan.

Pero todo esto no creo que sea posible, cayendo en dos actitudes típicas de progenitores inmaduros a la hora de relacionarse con la adolescencia: el colegueo o el autoritarismo. No se puede ser colega de los adolescentes porque: ni eres como ellos, ni es bueno que lo seas. Es contraproducente y además es para mirárselo, igual necesitas terapia y tienes problemas con tu rol. 

Necesitan referentes seguros y estables, pero no autoritarismo.  Muchas veces se comete el error de ser muy laxo en las normas, pero cuando hay problemas, la reacción es autoritaria. La imposición solo sirve para hacerlos más desafiantes y los contraría aún más. Ante el conflicto, hay que priorizar el diálogo y la negociación. El reto definitivo es: establecer límites claros, lo que significa necesariamente asumir errores y sus consecuencias; pero con cariño, es decir transmitiendo afecto y seguridad.  

Por último, no me canso de reclamar la que es para mí, la herramienta fundamental en toda relación humana equilibrada: la escucha. Especialmente creo que hay que exigirla a la hora de relacionarse con la adolescencia. A la pregunta de: ¿quién escucha a la adolescencia?, tenemos una respuesta clara: normalmente su grupo de iguales, algo muy necesario, pero claramente limitado por la escasa experiencia. Es a través de sus amistades que aprenden y experimentan: el sexo, las relaciones sociales, las drogas, la  política y otra cosas que hasta ahora habían sido exclusivas del mundo adulto.

Más que sermones o lecciones de vida, que no les importan nada, en esta etapa es necesario practicar la escucha activa. Hay que entender que detrás de la rebeldía, del desafío a la autoridad, etc,  la mayor parte de las veces hay inseguridades, miedos, necesidad de afirmarse. Se trata en definitiva de preocuparse sinceramente por lo que les pasa, por lo que sienten, por sus pasiones. Siempre respetando su intimidad, su espacio y su vulnerabilidad. Podemos preguntarles por sus gustos musicales, videojuegos favoritos, youtubers que siguen, sus amistades, etc., sin juzgarlos, ni ridiculizarlos. 

Por último sugiero que una buena forma de acercamiento y de generar complicidad podría ser quizás, pedirles sincera ayuda para entender el complejo entramado tecnológico en el que andan absortos, y en el que las personas adultas no nos terminamos de enterar de cómo funciona. Solo así, acercándonos con real interés a “su mundo” podremos convertirnos en referentes seguros y acompañar el tránsito hacia  la adultez. 

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